¡Hola! yo siempre termino poniéndoles algún nombre aunque al principio diga que no, normalmente sale solo después de unas semanas y alguna anécdota tonta. A una que tuve la llamaba “la avispa” porque era amarilla y tenía bastante mala leche para lo pequeña que era, y al final hasta en casa preguntaban “¿hoy sales con la avispa?”. Ahora intento resistirme y decir simplemente “la moto”, pero ya me conozco… en cuanto pase algo memorable seguro que acaba bautizada otra vez. Supongo que somos muchos los que empezamos riéndonos de poner nombre a una máquina y luego acabamos hablándole en el garaje cuando no arranca.